Bordando identidad en El Agustino

En la Capilla Jesús de Nazaret, en El Agustino, Yosy enseña a bordar a su hijo. Cada sábado, 25 mujeres de organizaciones de ollas comunes, comedores populares y promotoras barriales se reúnen en espacios creativos y de esparcimiento colectivo. Esta vez, tocó un taller de Bordado Ayacuchano.

Yosy es de Ayacucho y vive en Lima con su familia desde hace 5 años. Pertenece a la olla común Mujeres Vencedoras. Bordar le recuerda a su mamá, dice, que ya no borda por la edad. Cuenta que bordaba manteles para darle color a la cocina y que la comida no estuviera sobre una aburrida tela blanca. Ahora ella le enseña a bordar a su hijo Max, a pesar del mandato patriarcal que dice que los varones no bordan; y frente al racismo palpable en la ciudad que obliga a avergonzarnos de nuestras raíces.

Yosy Acha Chuchón, de la Olla Común Mujeres Vencedoras, muestra el avance de su pieza de bordado

Yosy hace esta actividad que la relaja y trae a su hijo con ella. En casa le habla en quechua y él entiende, aunque no lo habla. Y con esas «simples» acciones una sola mujer va desmantelando sistemas históricos de opresión. Cuando le preguntas por qué viene y por qué trae a su hijo, ella responde «he querido enseñarle porque esto también le sirve para el futuro. No hay que olvidar de dónde viene el bordado y nuestras costumbres, el colorido de las flores”.

La historia de Edit es similar. De familia ayacuchana que migró a Lima antes de que ella naciera, entiende el quechua, aunque no lo habla. Tiene cinco hijos, dos de ellos la han acompañado a los talleres de bordado y han estado aprendiendo de ella, llegando incluso a realizar proyectos de arte para el colegio. “Mi hija es la que más me motiva a venir”, cuenta. “Trabajarlo junto con mi hija es una bonita experiencia, nos une más de otra forma, congeniamos más y hay un poquito más de confianza.”

Edit Quispe García, de la Olla Común San Salvador, bordando en el espacio de la capilla.

Edit es coordinadora de la Olla Común San Salvador, donde su labor no se limita a la gestión del espacio organizativo y su representación. Está comprometida con sus socias y las motiva a accionar para hacer frente a las dificultades que enfrentan. “Siempre las animo a venir a los talleres, porque necesitamos estos espacios de relajo, nos hace bien.”

El compromiso de Las Comunes es el de seguir aportando a la creación de estos espacios de re-creación colectiva para las mujeres organizadas de El Agustino. Ellas han decidido las actividades que contribuyen a fortalecerse para que el desarrollo de sus acciones sigan generando los cambios sociales que desean.

Algunas de las participantes del taller posan para la foto final con sus casacas bordadas

Desde Las Comunes apostamos por espacios participativos de articulación y organización, por lo que agradecemos a las coordinadoras y socias de las ollas comunes, del comedor popular y de las organizaciones barriales. También agradecemos al equipo de la Capilla San Judas Tadeo, a la Parroquia Jesús de Nazaret, y al apoyo de la Fundación Fokus Frauen.